Mi madre

Mi madre
Georges Bataille

Mayo es el mes de las madres. Eso todos lo saben.

Debería recomendar un regalo para la mujer que los tuvo en su vientre durante un buen rato. Eso todos lo saben.

Me gusta quebrarles la esperanza de que haré algo normal. Eso ya deberían saberlo.

No creo que exista mejor manera de celebrar qué es una mamá que con la novela inconclusa de la mente más brillante de la historia francesa (creo que soy el único que lo piensa en serio): Mi madre de Georges Bataille.

Resumen rápido de la historia: Pedro, el narrador, detesta a su padre alcohólico por arruinar la vida de su santa madre a quien el pequeño ama sin límites. Todo hasta que el padre muere y el mundo del protagonista se derrumba. Y nosotros atestiguamos ése proceso.

El “se derrumba” es removible. Pueden poner ahí “se carcome”, “se pervierte”, “se erotiza”. Creo que ésas, “se erotiza”, son las palabras más apropiadas y no debe extrañarle a nadie que sepa un poco de las obras anteriores del francés: Madame Edwarda, La parte maldita, La literatura y el mal, El erotismo, por decir algunos.

Cada que a alguien le dicen “pervertido” lo hacen con una carga peyorativa y de desagrado. Ambas cargas, creo, son algo inapropiadas. Baso mi postura en la novela que trato en estas torpes líneas: Pedro descubre, guiado por su madre de todos los modos imaginables, cómo la degradación propia, la repugnante impureza  y la perversión tanto personal como la del otro (y la de un tercero, ¿por qué no?) lo acerca más a la divinidad “que nada de lo que yo había visto por la ventana de la Iglesia” (Bataille, 46).

Cada que se habla de erotismo se suele pensar en el Kamasutra (escuchen a Alberto Ruy Sánchez hablar de él, a ver si siguen con sus risitas censuradas) o en el Marqués de Sade. Creo que Bataille debe hacerse una vía obligatoria en la cultura general de éste tema por una sola razón: lleva el erotismo a otro nivel, uno donde, como en Lautremont, la podredumbre de lo perverso habla de tú con lo divino.

Los dejo. Adiós. No lean, es malo para la salud, los hace ver el mundo distinto. Los reto a que, después de leer esta novela, vayan a abrazar a su madre para felicitarla por “su día”.

Manuel Barrozo

 


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