Las ferias del libro

Las ferias del libro

Una vez más debería estar hablándoles de libros.

Un a vez más no voy a hacerlo.

No me lo tomen a mal, en verdad me gustaría hacerlo, pero hay cosas más divertidas. Como quejarse, por ejemplo (los cubanos no me dejarán negarlo). Aparte no me pagan por esto, así que se aguantan.

Hoy voy a hablarles de las ferias del libro, particularmente de la del Palacio de Minería que se está llevando a cabo en la Ciudad de México.

Ayer me levanté temprano, con una enorme sonrisa idiota, para ir a la feria más importante del mes. Horas de camino para llegar al centro, pagué boletito y al entrar se me quitó la sonrisa: estaba atascado, lleno, hasta el gorro. Niños, madres, viejos, adolecentes, de todo un poco.

Estuve ahí por seis horas (sí, seis horas), asistí a una conferencia, una presentación, una plática y encontré sólo un libro que de verdad logró interesarme. Lo demás fue descubrir por qué las ferias son una burla:

Los libros de los stands son los mismos que encuentras en librerías y están al mismo precio (excepto los que mueve Colofón, que sí tienen un descuento interesante).
La mayoría de los peculiares personajes que atienden los stands no tienen la más remota idea de qué están vendiendo, son ineficientes y mueren cada que su computadora se traba (igualito que en las librerías).
El 70% de los asistentes son jóvenes o niños que van porque tienen que hacer un resumen de una conferencia, tomarse una foto con un expositor y llevarse un programa sellado por los que atienden los centros de información porque su maestra se los dejó de tarea. “Para que lean”, han de afirmar. Ninguno de los que vi con sellito tenían un libro en la mano y apenas tenían idea de que existieran escritores vivos.
Las presentaciones de libros. En todas está el autor. En todas hay un escudero. En todas se habla de un libro imprescindible. En todas está el mejor libro del año. En todas estamos frente a un escritor que no sólo promete, sino que es toda una realidad en la literatura. El día que alguien diga en una presentación una crítica al libro que presenta creeré que existe algún dios.

 

Debería de dejar ir si tanto me quejo, pero por desgracia las ferias son la mejor forma de enterarse de las publicaciones más recientes, para hablar con autores que nos gusten y (¿por qué no?) conocer viajeros de las mismas rutas que recorremos.

Los dejo. No lean, los hace ver el mundo distinto (y meter en problemas a los que atienden las librerías).

Y sólo para que no me reclamen tan feo, corran a buscar El abismo. Asomos al terror hecho en México, compilado por el buen Rodolfo J.M.

 

Manuel Barroso


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