Carta al hombre…

Carta al hombre…

Mi corazón se cierra como bóveda, y sus combinaciones sangran en lo imparcial, en lo ecuánime. Las rosas que pertenezcan a las acuarelas y las miradas a algún retrato o fotografía bien actuadas. Ya no más, no entrará en mí un sorbo de cielo.

¡Una caricia superficial, dúctil! Ese dolor de espinas oxidadas y mal intencionadas, es más vasto que las nubes teñidas en esperanza, en las miradas que se asfixian en lágrimas, que prometen un recuerdo extático y que se atormentan con el fuego que inflama el vientre cuando los impulsos nos dominan. Que mala forma de padecer agonía, de inevitable acortar al corazón la extensa fe por lo que cuenta, y volvernos esclavos del miedo patente sobre seres que se suponen comprendernos en los mismos sentimientos que gritan siempre misericordia. Pero quien conoce esa palabra; misericordia podría ser olvidada, si no es por el arte que la recuerda en el grito y la sangre, que nos ofrece la poca piedad que vive el hombre hacia el mismo. Vamos a extender el infierno a la tierra me atrevo a decir, a exterminar con el odio, y volverlo rabia. Enfermedad que será contagiada por cada fragmento de vida en busca de su exterminio por alguien superior, y las brisas serán rojas, las palabras olvidadas y volveremos a ese instinto animal que finalmente nos prueba que nunca seremos más que eso cernícalos de voz y voto, que maniáticamente fuimos exponiendo nuestras garras a la mejor de las hechicerías; el deseo y la ambición. Para que enrojecerme los labios con el sabor de la sangre? si puedo escupirle al deseo mi ira por la tristeza y omitirme de ser lo que veo que padecen, mirando como espectador que difunde su felicidad, en el trabajo que interno nos pide el alma para a veces ser ciego, a veces invertebrado, a veces mudo, y sin lugar a dudas llegar a un destino inmaculado; saciando el agónico espectáculo de enfermedad que nos propagamos, frente al miedo de brindarnos una fe ciega, un amor incondicional y una mano firme, hermana, entrañable. Descubrir de nueva cuenta que el alma es un cumulo de pasiones que aferran la vida a un artístico espectáculo de colores y luces, de vivencias soñadas por el cielo mismo y las profundidades de las aguas que se oscurecen a la vida. Dictarle una nueva versión de heroísmo presentando al campante músico, poeta, creador e innovador del histórico sueño. Al trabajo como la plaza para hacer de la vida un tangente fin; acompañada por el agotamiento y la satisfacción, involucrar a la armonía y el esplendor como parte del manjar que perdone la desigualdad, y aprender a ser justos con el cordial planeta que decidió encunarnos. Brindarle un nuevo favor a la vida adquiriendo mejores habilidades que la supervivencia, para exponernos y entregarle el poema vivencial de un hombre que hizo, que formo y procuro ser. Diseñando un coro de pensamientos que difundan el cálido perdón, el solidario engrandecimiento y el infinito amor, procurando ser por uno mismo el diván digno de cualquier sensación formada por un mejor futuro y entender que resistir es la forma más digna de triunfar. Así que me contradigo; tal vez las combinaciones sangren, el boato se ausente y las lagrimas escurran sin sequia. Pero el corazón no podrá cerrarse, aunque su júbilo sea derramado a sus profundidades, este permanecerá solemne, ensalzado, intangible a cualquier ponzoña que pretenda quitarle la divinidad que este vive cada vez que hace de su latir una nueva oportunidad para darle plenitud a la vida


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