Pequeños resquicios, de Tania Favela Bustillo

Pequeños resquicios, de Tania Favela Bustillo

Advertencia más que necesaria: si crees que la poesía es un soneto, debe estar en rimas y hablar de la luna, la bandera o cosas cursis para tu novi@, lárgate de aquí y ponte a leer (Cesar Vallejo, T. S. Eliot, Nicanor Parra, Arthur Rimbaud, Haroldo de Campos (humildes sugerencias de titanes)). Si no es así, salta el siguiente párrafo y sigue.

(siguiente párrafo)

Alguna vez dije aquí que no hablaría de poesía hasta que Sarón Pandrami sacara su libro. Seguro nadie lo recuerda. Nadie recuerda nada. Nadie nada nunca.

literatura.Pues bueno, se los recuerdo sólo porque romperé mi palabra. Textofilia me ha dado una buena razón para hacerlo. La joven e independiente (al parecer eso es, en el mundo editorial mexicano, un sello que todos quieren usar) editorial ha cometido uno de sus mayores aciertos al publicar Pequeños resquicios, de la poeta Tania Favela.

El libro está dividido en tres fragmentos (“En la tierra están/estamos”, “Tres poemas” y “Pequeños resquicios”) y tiene, al final, un texto de olvido García Valdés (y una imagen autoría de Nina).

Decir esto es importante por lo que puede sentirse en cada sección. La primera está llena de tradición (Favela dialoga con Pound, Ovidio, la literatura japonesa, Whitman, Cage, Creely y más), la segunda tiene los textos más largos del libro (entre los que está “Otros paisajes”, que es el corazón del libro) y la tercera es hermosa. Hermosa, personal.

Son cantos, brevísimas melodías de rincones comunes.

¿Y para qué voy a hablar yo, si tenemos la voz de Tania Favela para decirlo? “a falta de paisaje / escuchar los sonidos del mundo / inventar un canto” (eso está en el poema que, les dije, es el punto vital del libro).

eso son los breves poemas

de pequeños resquicios

una atomización

certera

bella

del mundo

una pequeña muestra de amor

al mundo

a quien lo habita

y a la poesía

que lo canta.

No lean. Leer es malo. Les hace pensar que la muerte andaba suelta en marzo, que las abejas son las lágrimas de Ra, que para un árbol milenario su vida es cualquier cosa.

Y que eso, esas nimiedades insignificantes, son lo único que vale la pena.

 

Manuel Barroso


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