Poema: Vicios de mi cocina

Poema: Vicios de mi cocina

Es el hueso imprudente del romero viejo,
el exceso de sal en el asado, los días de jugosos versos
enamorados con clavo, vino y fuego marcial.
Velas con aroma a azafrán, sentimiento cítrico,
café almendrado y postre de coñac, puros.
Tiempo de luna ausente, pensamientos extensos,
manias de vencerse en la alfombra, en el pasto,
en la sombra de la sombras de la noche
mordiendo sin premura los alfajores del campo.
Duraznos amarillos de huesos medianos
que esperan dormidos. Hojas de plata con luna.
Canela y cinturas, albahaca y manzanilla,
dulce voz de esta nube que se cierra y ronca,
robando la luz de los domingo de piano y las pinturas.
Un largo verso retumbante en la tetera respirando
pizcas de cardamomo, amaranto y azúcar.
Las doce alcachofas sudando el olivo y la pimienta
después de la lluvia de agosto.
La primavera huele a jitomate y alfalfa,
anchoa, mantequilla y ginebra.
Un sabor amargo escurre por la cáscara tersa
de limón y la piña que tiñen los campos.
Un sabor antaño se desprende de las ciruelas.
Un sorbete de mandarina enriquecido por el cristal cortado
de la copa donde se deshiela suave al rayo de sol diurno.
Las cerezas resbalando entre unos labios gruesos
mojados con licor de nanche.
Una brasa duerme cubierta de secretos, madera hueca,
respaldo de cojines y palabras,
todo duerme en burbujas de vino blanco, ojos de miel y luz.
En la mesa de la cocina, una estrofa de frutos y nueces
se desprende de piel y hueso. Dulce alba,
campanas de cobre, jugo de zanahoria y apio.
Un paladar que amanece como extracto de poesía,
lavanda lanzada a la brisa húmeda,
que se detiene debajo de los árboles a contemplar la calma,
todo huele a esperanza de vez en cuando.

Mauricio Mallet


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