Mármol y fuego

Mármol y fuego

De hueso y mármol se creó la mujer, un cincel acústico que llenó el alma de la tierra. Emperatrices dormidas en el oscuro ojo del escultor, que único vicio fue conservar la inmutable belleza del cuerpo. De sus labios entreabiertos se formaron los volcanes en donde el mundo ha encontrado su final y principio. Nada mueve a la gracias y a la tragedia, de ese cuerpo al cual se le han regalado todas las palabras. Olivos muertos, hijos conquistadores, aventureros que descubrieron el umbral de la distancia y todas las pasiones humanas guardadas en las fuentes y los palacios de tus hombros.

De hueso y mármol se creó la mujer, pero su mirada siempre se habrá formado por el sueño, ruiseñor o felino que anda y palpita con la libertad de sus inviernos. Ligadas al amor intranquilo, al destierro de coronas tatuadas que en su piel de sal y sus velos de seda, amaron al Hombre. Virgen de lágrimas, de azogue y batallas derrotadas más nunca perdidas.

De hueso y mármol se creó la mujer, igual que los imperios y los templos. ¡Oh! cuerpo hogar, cuerpo asediado, en tus sollozos queda la serpiente y la memoria que permanecen firmes como tus pies, anclados al deseo de justicia, pincelados con ese carmín de heridas que pintan el beso dulce de la muerte, el idioma vivo que sin lugar a dudas sigue hablando únicamente de ti.

Inspirado en la fotografía de Edith Rodríguez

Mauricio Mallet

Instagram: @edith.rodriguez_photography

Facebook: edith.rodriguez.photography

 

Obra completa en

 


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